LA BRUTAL INFANCIA MILITAR EN LA ANTIGUA GRECIA

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Cumplidos los 7 años, el niño de Esparta iniciaría la Agogé. Dejaba de ver a la madre y se le colocaba bajo tutela militar junto con otros niños de la misma edad, a las órdenes de un instructor, el paidónomo.

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Las enseñanzas duraban nada más y nada menos que 13 años, durante los cuales los niños eran ya educados y disciplinados por hombres, con el fin de obtener guerreros en cuerpo y alma. La Agogé es probablemente el sistema de entrenamiento físico, psicológico y espiritual más brutal y efectivo jamás creado.

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La educación que recibían los niños espartanos era del tipo paramilitar; un adiestramiento severo, despiadado y doloroso. Era un proceso sobrehumano, un auténtico infierno, casi de alquimia espiritual y corporal, infinitamente más dura que cualquier instrucción militar del presente, pues era muchísimo más peligrosa, duradera y extenuante, porque los fallos más pequeños se castigaban con enormes dosis de dolor —y porque los “reclutas” eran, a no olvidar, niños de siete años.

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Tras el afeitado de cráneo, a los niños se les organizaba por agelai (hordas, o bandas). Los niños más duros eran hechos jefes de horda en cuanto se les identificaba. En el ámbito de doctrina y de moral, lo primero era inculcar a los reclutas amor a su horda, una obediencia sagrada y sin límites para con sus instructores y sus jefes, y dejar claro que lo más importante era demostrar una inmensa energía y agresividad. Para con sus hermanos, sus relaciones eran de rivalidad y competencia perpetuas.

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Se les estampaba también con esa marca que distingue a todo cachorro feroz y confiado en su capacidad: la impaciencia, el ansia de demostrarse y de ponerse a prueba, y el deseo de distinguirse por sus cualidades en el seno de su jauría.

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A los niños se les enseñaba a manejar la espada, la lanza, el puñal y el escudo, y a marchar en formaciones cerradas, realizando los movimientos con precisión y con sincronización perfecta. Prevalecían en el ámbito físico los procesos de endurecimiento, y se entregaban a muchísimos ejercicios pensados para favorecer el desarrollo de su fuerza: gimnasia, lanzamiento de jabalina, natación, caza y boxeo son algunos ejemplos. Los espartanos se ejercitaban también en otra arte marcial popular en Grecia: pancracio. Consistía en una mezcla de boxeo y lucha libre, pero más brutal: los participantes podían incorporar a las vendas de sus puños los accesorios que creyeran convenientes para aumentar su poder ofensivo: algunos añadían trozos de madera, láminas de estaño e incluso placas de plomo.

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Las reglas eran sencillas: valía todo menos morder, así como hurgar en los ojos del adversario. También estaba prohibido matar premeditadamente al contrincante, aunque con todo, muchos eran los que morían en ese sanguinario deporte.Todos los aspectos de la vida del niño espartano eran regulados para incrementar su insensibilidad al sufrimiento y su agresividad.

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