Jamás permitas que te llamen loca: conoce la trágica vida de Juana de Castilla

El acusar de ´loca´ a una mujer es un arma muy recurrente para callarla. Jamás lo permitas. Eso fue lo que acabó consumiendo la vida de Juana I de Castilla, apodada erróneamente ‘la loca’, y quien fue juzgada y tratada como tal ¡sin nunca haberlo estado!

El 6 de noviembre, nace Juana I, Reina de Castilla, Aragón, Navarra, Valencia, Mallorca, Nápoles, Sicilia, Cerdeña y Condesa de Barcelona  y duquesa titular consorte de Borgoña.

Sin embargo, tantos títulos no impidieron que Juana fuera víctima de la ambición de todo varón que formaba parte de su familia, sufrió por causa de su esposo, su padre y su hijo.

Esta es su historia:

Juana era hija de la Reina Isabel ‘La Católica’ y Fernando II de Aragón, ¡Sí! Esos mismos que patrocinaron el viaje de Cristóbal Colón hacia tierras americanas, y cuyas ganancias obtenidas los convirtieron en los mejores inversionistas del Siglo XVI.

Desde joven mostró indiferencia por la religión católica, lo que dio inicio a sospechas inquietantes a su madre, la reina, sobre la salud mental de Juana; y es que Isabel de Castilla no en balde era llamada ‘la católica’ dada su ferviente fe, profesada y consolidada luego de ser la promotora principal de su difusión en el Nuevo Mundo.

Bien, pero esta es la historia de Juana: a los 16 años contrajo matrimonio con Felipe el Hermoso, archiduque de Austria, que al menos lo que se puede apreciar en sus retratos no era tan guapo y mucho menos hermoso, además, le trajo enteramente dolor al corazón de Juana, que sí estaba muy enamorada, ya que la engañó desde el primer día.

Retrato de Felipe ‘El hermoso’

Cuando Juana dió a luz a su primogénita Leonor, el desenfreno de Felipe fue total, sus infidelidades empezaron a ser de conocimiento público por todo el reino, ya que no se preocupaba por guardar las apariencias y ni mantenerlas en secreto. Todas las damas de la corte de Juana pasaron por la cama de Felipe, cosa que lógicamente la enfurecía.

Juana le exigió una y otra vez respeto y fidelidad a Felipe; podemos asómbranos de porqué Juana no dejaba a ese mal hombre, pero recordemos que en el contexto histórico en el que vivió, un matrimonio era para siempre y era muy difícil anularlo, y más si se trataba de una pareja integrante de la monarquía porque significaban acuerdos políticos, como era el caso de la unión de ellos.

Como dentro y fuera del castillo las infidelidades de Felipe no cesaban, los reclamos de Juana tampoco, lo que hizo que él la llamara ‘loca’, sobrenombre se propagó por toda la corte, además de la fama de ‘celosa’.

Cuando sus hermanos murieron Juana pasó a ser la heredera de los reinos de Castilla y Aragón. A la muerte de su madre Isabel la Católica pasó a ser la reina de Castilla y con la muerte de su esposo, pasó a hacer la primera soberana de las coronas que conforman la actual España.

Pero eso solo sucedió solo en protocolo. Pues cuando Felipe murió Juana, que lo amaba mucho y a pesar de todo, se vio muy afectada; aún así, trajo el cuerpo de su marido desde Brugos (dónde ya había sido sepultado) hasta Granada (tal y como él lo había dispuesto en vida), este hecho y su depresión por el duelo sirvió como argumento para que su propio padre el Rey Fernando, la acusara de estar loca y la encerró el Palacio-Cárcel de Todesillas, donde estuvo recluida por ¡46 años!

Cuando su hijo mayor, Carlos I fue a visitarla, fue para, según él, confirmar que sí estaba loca y obligarla a cederle el trono, luego dio la orden tajante que la torturaran de ser necesario para que accediera a recibir los sacramentos.

Juan era culta, leía, hablaba latín y escribía poesía, trató de gobernar por sí misma y de restaurar el Consejo Real de la época de su madre; apoyó el movimiento comunero que la reconoció como soberana, pero fue aplastado por su hijo Carlos I, hecho que le provocó más tormento en su encierro en la cárcel de Todersillas donde ni siquiera le permitían pasear al corredor que daba al río, era encerrada en un cuarto sin luz, y ninguneada y maltratada por los sirvientes.

Juana I de Castilla fue una víctima de su esposo, de su padre, de su hijo y de la historia que la inmortalizó como ‘la reina loca’ y no como ‘la reina cautiva’, lo que verdaderamente fue.

Así que nunca permitas que te llamen loca, porque es lo primero que le dicen a una mujer cuando expresa lo que piensa y la quieren silenciar.

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